Nuestras armas son las papeletas:
El 7 de Abril de 1928, Rómulo Betancourt y sus compañeros se preparaban para colaborar en el golpe de estado que se le estaba gestando a Gomez. Los jóvenes estudiantes se reunirían en el panteón nacional, a la espera de los militares golpistas, para tomar junto a ellos, el cuartel San Carlos. Fueron descubiertos, Lopez Contreras inició una barbara persecución en el acto, hubo heridos, presos y muertos. Con suerte, quien sería el padre de la democracia venezolana escaparía de esos sucesos. Más tarde, en su exilio a Curazao, Rómulo empezó a darse cuenta que la lucha armada no era un camino real hacia la democracia y, que las relaciones de poder no eran más que una suma de variables dinámicas que en algún momento favorecerían a los demócratas. A diferencia de Villalba, Rómulo continuó su trabajo político, construyó un partido, desarrollo una doctrina y estableció unos métodos claros de lucha política contra los regímenes totalitarios del momento.
Los venezolanos solemos creer que los problemas políticos se dirimen con fusiles. La historia así nos ha modelado. No fue hasta que un brillante hombre, Betancourt, concibió la política como lo que es, formó un partido, y empezó a luchar por un ideal y por el poder. Rómulo decía que Acción Democrática era un partido con vocación de poder. Hay que hacer énfasis en la importancia de esto, pues para obtener el poder, primero había que desearlo, tanto, que no importara la vida misma. Angarita se vería forzado por presiones extranjeras a abrir los espacios democráticos, es cierto. Pero nada de esto habría tenido el impacto que tuvo si Acción Democrática no se hubiese montado en la formación de una Masa Crítica nacional, con aspiraciones claramente democráticas. Fue la suma de una Masa Crítica a través de su doctrina socialdemócrata, la Capacidad de Convocatoria fomentada por la estructura seudocomunista de su inmenso partido, y la estrategia de lucha política, lo que hicieron posible que Venezuela viviera luego, 40 años de democracia plena.
Nunca debemos poner en duda que Acción Democrática en sus años de lucidez, fue infinitamente más poderosa que el PSUV. La diferencia es que los adecos eran demócratas. Algunos, desesperados por las circunstancias, podríamos optar por métodos de lucha política inaceptables. Lo cierto es que en este momento nos estamos enfrentando a un movimiento que recolecta dos poderosísimas ideas de la historia venezolana: El comunismo reivindicador, y el militarismo desarrollista. Ambas corrientes, juntos, tienen o tuvieron, un calado impresionante en el pueblo venezolano. El anhelo de la superación individual a través del orden militar, y la superación colectiva a través de la organización comunal son los dos grandes adicciones que enfrenta el pueblo de Venezuela. Debemos redimirnos, recuperar nuestra corta tradición civil, aferrarnos a nuestras raíces democráticas, entender el juego político y visualizar cuáles son los dos métodos de lucha de los tres bandos, que se han convertido en dos. La guerrilla comunista y el orden militar se han juntado para conformar a la bestia del chavismo, y los demócratas civiles debemos enfrentarnos a la misma. Las armas de esa bestia son los fusiles, las balas, el plomo; nuestras armas son las papeletas. Vamos a votar y a demostrar que Venezuela, al fin, superó las dos sombras más grandes de su historia, el comunismo y el militarismo.
@ConejeroC

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