El día de los lápices:
Todos
conocemos aquel emblemático y horrible incidente de la última dictadura militar
Argentina: La Noche de los Lápices. Varios estudiantes de bachillerato fueron
secuestrados en Septiembre de 1976, luego fueron torturados y asesinados por
aquella dictadura. ¿La causa?: Agitar las calles de la ciudad de La Plata a
favor de la institucionalización de un pasaje estudiantil. Fueron acusados de
ser comunistas, y de propagandear elementos que incitaban a la subversión. Uno
de los pocos sobrevivientes, Pablo Díaz, dio aquél famoso testimonio con el
cual se lograron reconstruir los hechos y realizar el clásico del cine homónimo
al suceso.
Hoy en Venezuela, padecemos de un régimen atroz, que socava
los derechos humanos e infunde, a través del miedo y el terror, su voluntad.
Sin embargo, los jóvenes nunca nos hemos quedado silenciados ante semejante
vulgaridad. El año pasado, en Venezuela, no tuvimos una noche de los lápices,
sino un años de los lápices, los estudiantes tomamos las calles junto al resto
de la sociedad, muchos fuimos encarcelados y reprimidos, otros aún permanecen
tras las rejas, y algunos, yacen en la tierra. Sus recuerdos nos atormentan y
nos recuerdan que no podemos rendirnos.
Los mártires argentinos sufrieron
las consecuencias de estar sumergidos en la inocencia. No tomaron medidas de
seguridad, no hubo paciencia, -a pesar de que el padre de Claudia Falcone fue
tan enfático en aquello-, y por ello, no pudieron montar el momentum político que necesitaban.
Fueron capturados y asesinados. Hoy, hago memoria de aquellos hechos pues
quiero dejar un mensaje a todos los que pertenecemos al Movimiento Estudiantil
Venezolano. El primero de ellos: Jamás olvidemos a nuestros mártires: Gonzalo
Jaurena Abasolo, la Junta Patriótica del 57, la generación del 28, la del 36. Ellos
representan las luchas de la juventud venezolana, no podemos defraudarlos. El
segundo: No nos dejemos consumir por el pragmatismo reinante en nuestro país,
si bien es cierto que no podemos estar sumergidos en la ingenuidad y la
inocencia, no olvidemos que los grandes cambios, las revoluciones, no están
hechas o hechos, de negociaciones y acuerdos meramente, sino de ideas y
corazón, pueblo en inmerso en ciudadanía y estadistas. Y tercero, y último: No
nos quedemos en el mamarrachismo y la vagabundería, no dejemos que la
mediocridad nos consuma, para ser un excelente dirigente estudiantil, hay que
ser un excelente estudiante.
Estoy convencido de una cosa, y es
que si logramos digerir aquellas tres normas, si logramos hacerlas nuestro
lema, nuestra bandera, entonces, y solo entonces, no habrán más noches de los
lápices, y este 6 de Enero, con una nueva Asamblea Nacional, y una juventud
consolidada, amanecerá, y será el día de los lápices, Claudi Falcone, Gonzalo
Jaurena, y todos los estudiantes que alguna vez dieron su vida por lo que
creían, nos mirarán desde arriba, con orgullo.
Alejandro Conejero
@ConejeroC

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