La responsabilidad de la juventud
Venezuela, y en especial su juventud, vive momentos muy duros en estos tiempos. La tiranía emplea mecanismos de asfixia al futuro de Venezuela. Se nublan las oportunidades y todo indica un camino sombrío de fracaso y estancamiento. El chavismo se ha encargado de suprimir del imaginario colectivo el concepto de Movilidad Social. Basta con husmear en la sustancia del discurso oficialista para darse cuenta de que se ha vuelto una política de estado, una línea nacional, la de encaminar al pueblo venezolano hacia la inamovilidad, la no superación, y el subdesarrollo. Lamentablemente, los jóvenes nos vemos envueltos en la decadencia de esta nación. No hay para donde coger. Uno ve a su alrededor y parece que se encuentra sumergido en un océano de incertidumbre.
Hay un refrán, un lugar común, de esos que cobra sentido únicamente de vez en cuando. En las crisis se crean los grandes líderes. Y es que, ante lo que sucede en Venezuela, parece hasta un acto heroico el subir la cabeza y hacer frente con firmeza a lo que se asemeja a una maquina de hacer el mal. de promulgar la violencia y de fomentar el odio. Sin embargo, los jóvenes tenemos una responsabilidad histórica. Y digo histórica no por utilizar palabras rimbombantes, sino porque de hecho, es un deber histórico. Nuestros ancestros, nuestros padres fundadores dieron sangre, sudor y lágrimas, por fundar una República y una Democracia. Nuestra responsabilidad histórica es con los jóvenes Betancourt y Villalba, con esos que dedicaron sus vidas, desinteresadamente, a construir una nación.
La responsabilidad es única, una sola, y no es tan complejo descifrarla. Debemos promover un proyecto nación, debemos ser la génesis de los nuevos liderazgos de los partidos, debemos concebirnos a nosotros mismo como una generación, lo que implica entendernos al menos en este momento como algo suprapartidista, y promover ese proyecto de país, ese país donde la educación es la prioridad del Estado y no lo militar, ese país donde la Movilidad Social es un concepto del día a día, ese país donde el respeto, la tolerancia y los valores democráticos están intrínsecos en todos los ciudadanos e impregnan con su estabilidad el sistema político, ese país donde cada uno de nosotros será verdaderamente libre.
Alejandro Conejero
@ConejeroC

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